Entradas

Mostrando entradas de mayo, 2018

Valor de la poesía

Imagen
José Martí ¿Quién es el ignorante que sostiene que la poesía no es necesaria a los pueblos? Hay gentes de tan corta vista mental que creen que toda la fruta se acaba en la cáscara. La poesía que congrega o disgrega, que fortifica o angustia,que apuntala o derriba las almas, que da o quita a los hombres la fe y el aliento, es más necesaria a los pueblos que la industria misma, pues ésta les proporciona el modo de subsistir mientras que aquélla las da el deseo y la fuerza de la vida. ¿A dónde irá un pueblo de hombres que haya perdido el hábito de pensar con fe en la significación y el alcance de sus actos? Los mejores, los que unge la Naturaleza con el sacro deseo de lo futuro, perderán en un aniquilamiento doloroso ysordo todo estímulo para sobrellevar las fealdades humanas;y la masa, lo vulgar, la gente de apetitos, los comunes, procrearán sin santidad hijos vacios, elevarán a facultades esenciales lo que debe servirles de meros instrumentos y aturdirán con el bullicio ...

Noches de lluvia

Imagen
Juana de Ibarborou Yo amo las noches de lluvia. Son de una intimidad intensa y dulce, como si nuestra casa se convirtiera, de pronto, en el único refugio tibio e iluminado del universo. Los objetos que nos rodean adquieren una familiaridad más afectuosa y más honda; la luz parece más límpida; el fuego, la mecedora, los ovillos de lana, el lecho, las mantas, todo es más nuestro y más grato. La alcoba, realmente, se convierte en nido, en nido caliente y claro y sereno, en medio del viento gruñidor, de la lluvia furiosa o mansa, del frío, que hace acurrucar cabeza con cabeza a las parejas de pájaros. Me imagino mi casa, entonces,como un pequeño y vivo diamante apretado entre el puño deun negro gigantesco. ¡Qué beatitud! Hago por no dormirme para gozar esas horas de gracia propicias al ensueño y al amor. Pero a veces, también me asalta, de pronto, la visión de pobres ranchos agujereados, de chicos friolentos, de mujeres que no tienen, como yo, una casa tibia ni una abrigada cam...

Establecimiento del diálogo

Imagen
Rosario Castellanos Del Perú dijo alguna vez Luis Alberto Sánchez que era un pueblo espectador por excelencia. La frase podría aplicarse con igual validez a México. Nos gusta permanecer al margen, más que tomar parte en los sucesos. Si algo acontece en la calle —un accidente, un desmayo o, para no complicarse más, si alguien se detiene, levanta los ojos al cielo y contempla con fijeza un punto distante— de inmediato se arremolina un grupo de curiosos. La mayor parte de ellos observa, se horroriza, comenta, interroga. Quizá alguno, influido por la lectura de novelas policiacas, se apresura a apuntar el número de las placas del automóvil fugitivo, otro lamenta no recordar el teléfono de la Cruz Roja o de la policía, y el último, padeciendo ya los síntomas indicadores de una tortícolis inminente, se retira sin haber averiguado que era lo que mantenía suspensa la atención de los demás en el espacio infinito y, al menos para él, deshabitado.       ...